Baja anormal en una licitación: cuándo una oferta barata puede convertirse en un problema

Una oferta muy barata no se excluye automáticamente, pero puede obligar a justificar su viabilidad. Explicamos cuándo existe una baja anormal y qué riesgos debe valorar la empresa.

7/17/20263 min read

Presentar el precio más bajo puede ayudar a ganar una licitación, pero bajar demasiado también puede abrir un problema que la empresa debe estar preparada para afrontar.

Cuando una oferta se sitúa por debajo de los parámetros previstos en el pliego, puede considerarse incursa en presunción de anormalidad. Esto no significa que la propuesta sea inválida ni que la empresa vaya a quedar excluida automáticamente. Significa que el órgano de contratación considera necesario comprobar si el contrato puede ejecutarse realmente en las condiciones ofrecidas.

La LCSP exige que los pliegos establezcan parámetros objetivos para identificar estas ofertas y que, antes de rechazarlas, se conceda al licitador la oportunidad de explicar y justificar su viabilidad.

Una oferta anormal no es necesariamente una mala oferta

Una empresa puede ofrecer un precio muy competitivo por razones perfectamente legítimas: una organización más eficiente, menores costes estructurales, medios propios ya amortizados, acuerdos favorables con proveedores o una forma distinta de prestar el servicio.

Por eso, la mera existencia de valores anormalmente bajos no permite excluir directamente la oferta. La doctrina del TACRC insiste en que debe tramitarse el procedimiento contradictorio y analizarse la explicación presentada por la empresa.

El problema aparece cuando el precio se ha calculado únicamente para obtener más puntos, sin comprobar previamente si cubre los costes reales del contrato.

En ese momento, la empresa puede encontrarse obligada a justificar una oferta que, en realidad, no dispone de margen suficiente para asumir el personal, los materiales, los medios técnicos, los gastos generales y las restantes obligaciones previstas en los pliegos.

El riesgo no depende solo del porcentaje de baja

No existe un porcentaje único que determine que todas las ofertas son anormales. El resultado dependerá de los parámetros establecidos en cada licitación y, en muchos casos, de la comparación con las demás propuestas.

Una baja que no genera ningún problema en un procedimiento puede entrar en presunción de anormalidad en otro. Por ello, antes de fijar el precio, conviene revisar cómo se calcula ese umbral y simular distintos escenarios de concurrencia.

También debe comprobarse qué elementos se tienen en cuenta. En licitaciones con varios criterios, la anormalidad puede no depender exclusivamente del precio, sino también de otros valores objetivos definidos en el pliego.

Antes de bajar, hay que saber cómo se justificará

La decisión de presentar una oferta agresiva no debería adoptarse sin contar con una explicación económica preparada.

Si la oferta entra en presunción de anormalidad, la empresa tendrá que acreditar que puede cumplir el contrato. Para ello, deberá poder explicar sus costes, los medios que utilizará, las condiciones obtenidas de proveedores, los ahorros derivados de su organización y cualquier otra ventaja concreta que permita sostener el precio.

No basta con afirmar que la empresa tiene experiencia, que dispone de una estructura eficiente o que prestará correctamente el servicio. La justificación debe guardar relación con las cifras reales de la oferta.

Además, si el órgano de contratación considera insuficientes las explicaciones y decide rechazar la propuesta, debe motivar las razones por las que entiende que el contrato no puede ejecutarse en las condiciones ofrecidas.

Una adjudicación también puede convertirse en un problema

El riesgo de una oferta excesivamente baja no termina cuando se consigue la adjudicación.

Todo lo ofrecido pasa a formar parte de las obligaciones del contrato. Si el precio no permite prestar correctamente el servicio, la empresa puede sufrir pérdidas, incumplimientos, penalidades o dificultades para mantener los medios comprometidos.

Por eso, una oferta no debe calcularse únicamente para ganar puntos. Debe ser competitiva, pero también ejecutable.

La regla práctica es sencilla: antes de presentar una baja importante, conviene comprobar si la empresa podría defenderla con datos económicos y mantenerla durante toda la ejecución del contrato.

Una oferta barata puede ganar una licitación. Una oferta que no puede justificarse o ejecutarse puede convertirse en un problema desde antes de la adjudicación.