Criterios de adjudicación: cómo saber qué valora realmente la Administración en una licitación

Los criterios de adjudicación determinan cómo se puntúan las ofertas en una licitación pública. Explicamos cómo leerlos, interpretarlos y adaptar la propuesta para competir mejor.

7/11/20263 min read

Cuando una empresa decide presentarse a una licitación, suele fijarse primero en el presupuesto, el plazo de ejecución y los requisitos de solvencia. Sin embargo, una vez superado ese primer filtro, hay un apartado del pliego que puede resultar decisivo: los criterios de adjudicación.

Los criterios de adjudicación son las reglas que utiliza la Administración para comparar las ofertas. Indican qué se va a valorar, cuántos puntos tiene cada apartado y qué aspectos pueden marcar la diferencia entre una propuesta correcta y una propuesta competitiva.

Por eso, antes de preparar la oferta, no basta con entender qué se quiere contratar. También hay que entender cómo se va a elegir al adjudicatario.

Un error frecuente es redactar la oferta partiendo solo del objeto del contrato o del pliego técnico. La empresa explica cómo prestaría el servicio, ejecutaría la obra o suministraría el producto, pero no adapta la propuesta a lo que realmente puntúa. El resultado puede ser una oferta técnicamente razonable, pero poco competitiva si no responde de forma directa a los criterios previstos.

La pregunta clave no es solo: “¿qué puedo ofrecer?”, sino “¿qué me van a puntuar?”.

En los pliegos suelen combinarse criterios automáticos y criterios sujetos a juicio de valor. Los primeros se valoran mediante fórmulas o datos objetivos, como el precio, el plazo, la garantía o determinadas mejoras cuantificables. En estos casos, conviene analizar bien la fórmula, porque no todos los sistemas de puntuación premian igual una bajada de precio o una mejora adicional.

Los criterios sujetos a juicio de valor, en cambio, dependen de una valoración técnica. Suelen referirse a la metodología, la planificación, la organización del servicio, el control de calidad, los medios adscritos o la adecuación de la propuesta al objeto del contrato. Aquí la empresa no compite solo con una cifra, sino con una explicación clara, concreta y bien estructurada.

También es importante revisar la ponderación de cada criterio. No todos los apartados tienen el mismo peso. Un criterio de 30 puntos merece una atención muy superior a una mejora de 3 puntos. La puntuación permite identificar dónde se juega realmente la licitación y qué partes de la oferta deben trabajarse con más detalle.

Los criterios de adjudicación, además, deben leerse junto con el pliego técnico. El pliego técnico indica qué debe cumplirse; los criterios muestran qué aspectos adicionales o qué forma de ejecución recibirán puntuación. Si la oferta se limita a repetir lo que ya era obligatorio, probablemente aportará poco. Si ofrece mejoras desconectadas del contrato, puede que tampoco obtenga puntuación relevante.

Antes de redactar, conviene hacer un pequeño mapa de la licitación: identificar los criterios, separar los automáticos de los subjetivos, comprobar cuánto vale cada uno, revisar qué documentación exige el pliego y decidir dónde puede diferenciarse realmente la empresa.

Este análisis también permite detectar problemas a tiempo: criterios confusos, fórmulas económicas agresivas, mejoras mal definidas o exigencias que pueden condicionar indebidamente la competencia. En algunos casos, puede ser conveniente plantear una consulta al órgano de contratación o valorar si el pliego debe impugnarse.

En definitiva, los criterios de adjudicación no son un apartado secundario. Son la regla del juego.

Una buena oferta no es solo la que explica bien lo que la empresa sabe hacer. Es la que responde de forma precisa a lo que el pliego ha decidido valorar.

En contratación pública, ganar no depende únicamente de presentar una buena propuesta. Depende de presentar una buena propuesta que encaje con los criterios de adjudicación.