¿Merece la pena presentarse a una licitación pública? Claves para decidirlo

Antes de preparar una oferta, revisa la solvencia, la rentabilidad, los criterios y los riesgos. Te explicamos cómo decidir si una licitación merece la pena

7/31/20263 min read

Encontrar una licitación relacionada con la actividad de la empresa no significa necesariamente que resulte conveniente presentar una oferta.

El importe del contrato puede ser atractivo, pero la decisión debe considerar también los requisitos de acceso, las condiciones de ejecución, el esfuerzo necesario para preparar la propuesta y las posibilidades reales de adjudicación.

La primera decisión importante no consiste en determinar qué precio ofrecer. Consiste en valorar si la licitación encaja realmente con la empresa.

El presupuesto no representa el beneficio del contrato

El presupuesto base de licitación indica el límite de gasto previsto por el órgano de contratación, pero no permite conocer por sí solo la rentabilidad que obtendrá el adjudicatario.

Para evaluar el contrato debe calcularse el coste real de la prestación, teniendo en cuenta el personal necesario, los medios materiales, los desplazamientos, las garantías, los seguros y las restantes obligaciones previstas en los pliegos.

También deben analizarse la duración del contrato, las posibles prórrogas, la forma de pago, las penalidades y el riesgo de que determinados costes aumenten durante la ejecución.

Una licitación con un presupuesto elevado puede resultar poco atractiva si exige una estructura difícil de mantener o si la competencia económica obliga a reducir excesivamente el margen.

Antes de preparar la oferta debe comprobarse la capacidad para participar

La empresa debe revisar desde el principio si dispone de la solvencia económica y técnica exigida, de las habilitaciones necesarias y de los medios que deban adscribirse al contrato.

La LCSP establece que los empresarios deben reunir las condiciones de aptitud y acreditar la solvencia determinada en los pliegos. Estos documentos deben concretar los requisitos mínimos y los medios para demostrarlos.

No resulta eficiente dedicar varios días a preparar una memoria técnica para descubrir al final que falta un certificado, una experiencia mínima o una clasificación imprescindible.

Cuando la empresa no alcanza por sí sola la solvencia, puede estudiarse la integración con medios externos, la subcontratación o la presentación conjunta mediante una unión temporal. Estas soluciones deben analizarse con antelación y no cuando el plazo está próximo a finalizar.

Presentar la oferta supone aceptar las condiciones del contrato

Los pliegos no son únicamente las instrucciones para participar. También definen las obligaciones que deberá asumir el adjudicatario durante la ejecución.

La presentación de la proposición implica la aceptación incondicionada de su contenido. Además, los contratos deben ajustarse a las cláusulas previstas en los pliegos, que forman parte del propio contrato.

Por ello, antes de licitar debe comprobarse si la empresa puede cumplir realmente los plazos, mantener el equipo exigido, asumir las condiciones especiales de ejecución y responder ante las penalidades previstas.

Una oferta no debería prepararse sobre la expectativa de que determinadas exigencias podrán negociarse después de la adjudicación.

También debe valorarse el coste de competir

Preparar una oferta consume tiempo y recursos. Puede requerir estudiar los pliegos, solicitar documentación, obtener compromisos de terceros, calcular costes y redactar una memoria técnica específica.

Ese esfuerzo debe compararse con las posibilidades reales de adjudicación.

La decisión será diferente cuando el precio determine casi toda la puntuación y la empresa no pueda competir económicamente, que cuando los criterios técnicos permitan poner en valor una experiencia o una metodología especialmente sólida.

También conviene revisar las licitaciones anteriores del mismo órgano, el número habitual de participantes y las puntuaciones obtenidas. No permiten predecir el resultado, pero ayudan a comprender el nivel de competencia y el comportamiento del mercado.

No todas las licitaciones deben ofrecer un beneficio inmediato

En algunos casos puede tener sentido participar con un margen más reducido para obtener experiencia, acceder a un nuevo sector o conseguir una referencia relevante para futuras licitaciones.

Sin embargo, esta decisión debe ser consciente. El valor estratégico del contrato no elimina los riesgos de una ejecución deficitaria ni justifica presentar una oferta que la empresa no puede cumplir.

La contratación pública puede convertirse en una línea estable de negocio, pero exige seleccionar las oportunidades. Presentarse de forma indiscriminada genera costes, dispersa recursos y aumenta el riesgo de asumir contratos poco adecuados.

La decisión debe tomarse antes de empezar a redactar

Una licitación merece ser estudiada cuando la empresa cumple los requisitos, puede ejecutar correctamente la prestación, dispone de una propuesta competitiva y obtiene una rentabilidad o un valor estratégico razonable.

Si alguna de estas condiciones no concurre, lo adecuado puede ser no presentarse y reservar los recursos para una oportunidad más compatible.

En contratación pública, seleccionar bien las licitaciones puede ser tan importante como preparar correctamente las ofertas.