Oferta técnica: cómo evitar una memoria genérica que no puntúa en una licitación

Una memoria técnica genérica puede hacer perder muchos puntos en una licitación pública. Explicamos cómo adaptar la oferta técnica a los criterios de adjudicación del pliego.

7/8/20264 min read

Oferta técnica: cómo evitar una memoria genérica que no puntúa en una licitación

En muchas licitaciones, la diferencia entre ganar o quedar lejos de la adjudicación no está únicamente en el precio. Hay procedimientos en los que la oferta técnica tiene un peso relevante y, dentro de ella, la memoria puede acabar siendo decisiva.

El problema es que muchas empresas siguen preparando sus memorias técnicas como si fueran una presentación general de la compañía. Explican quiénes son, qué experiencia tienen, qué medios suelen utilizar o qué metodología aplican habitualmente. Todo eso puede tener interés, pero no siempre es lo que se está valorando en ese procedimiento concreto.

En una licitación, la memoria técnica no puntúa por estar bien escrita en abstracto. Tampoco por ser larga, visualmente cuidada o por incluir muchas referencias generales a la calidad del servicio. Puntúa si responde de forma clara a los criterios de adjudicación establecidos en el pliego.

Ese es el punto que muchas veces se pierde de vista.

Antes de redactar la oferta técnica, conviene revisar con calma qué va a valorar realmente la Administración. No basta con leer el objeto del contrato o las prescripciones técnicas. Hay que ir directamente a los criterios sujetos a juicio de valor y comprobar qué aspectos tienen puntuación: metodología, planificación, organización del equipo, control de calidad, mejoras, coordinación, conocimiento del servicio, medios adscritos o cualquier otro elemento previsto en el pliego.

A partir de ahí, la memoria debería construirse como una respuesta a esos criterios. Si el pliego valora la planificación, la oferta debe explicar cómo se organiza el trabajo, con qué fases, qué plazos internos se manejan y cómo se controlan los hitos. Si valora la coordinación, habrá que concretar quién coordina, con qué frecuencia, mediante qué canales y cómo se documentará esa coordinación. Si se valora el control de calidad, no basta con decir que se prestará un servicio excelente: habrá que explicar qué indicadores se medirán, quién los revisará y qué medidas se adoptarán si se detectan incidencias.

Una memoria genérica suele fallar precisamente en eso. Puede estar correctamente redactada, pero podría servir casi igual para otro contrato, otra Administración o incluso otro sector. Y cuando eso ocurre, el evaluador tiene pocos elementos para otorgar una puntuación alta.

La empresa debe intentar que la memoria transmita una idea sencilla: “he entendido este contrato concreto y propongo una forma concreta de ejecutarlo”.

Para conseguirlo, ayuda mucho mantener la misma estructura que utiliza el pliego. Si el criterio de adjudicación se divide en varios apartados, lo razonable es que la memoria también los siga. Esto facilita la valoración y evita que el técnico tenga que buscar dentro del documento dónde se responde a cada cuestión. En una oferta técnica, el orden también importa.

También es importante evitar expresiones demasiado amplias si no van acompañadas de contenido real. Frases como “servicio de máxima calidad”, “atención personalizada”, “seguimiento permanente”, “metodología innovadora” o “mejora continua” aparecen en muchas memorias, pero por sí solas dicen poco. Pueden utilizarse, pero siempre que se expliquen. ¿Qué significa seguimiento permanente? ¿Cada cuánto se revisa? ¿Quién lo hace? ¿Cómo se comunica? ¿Qué consecuencias tiene detectar una desviación?

La concreción es especialmente relevante cuando la memoria incluye mejoras o compromisos adicionales. Una mejora mal definida puede no puntuar o, incluso, generar problemas durante la ejecución del contrato. Por eso conviene que cualquier compromiso sea claro, medible y vinculado al objeto del contrato. No se trata de ofrecer por ofrecer, sino de proponer algo que realmente mejore la prestación y que pueda cumplirse después.

Otro aspecto que las empresas no siempre cuidan es la coherencia interna de la oferta. La memoria técnica debe encajar con el presupuesto, con los medios disponibles, con los plazos y con el resto de documentación presentada. Una propuesta muy ambiciosa, pero sin explicación suficiente de los medios necesarios para ejecutarla, puede generar dudas. Y una memoria que promete más de lo que razonablemente puede cumplirse puede acabar siendo un problema si la empresa resulta adjudicataria.

Además, en procedimientos con varios sobres, hay que revisar cuidadosamente que la memoria técnica no incluya información que no deba aparecer en ese momento. Anticipar datos económicos o elementos evaluables automáticamente dentro del sobre técnico puede tener consecuencias graves, incluida la exclusión de la oferta. Por eso, antes de presentar la documentación, no solo hay que revisar la calidad del contenido, sino también si cada información está en el sobre correcto.

También conviene tener en cuenta una realidad cada vez más habitual: muchas memorias técnicas son revisadas, al menos de forma auxiliar, mediante herramientas de inteligencia artificial. Esto no sustituye la valoración técnica que corresponde al órgano de contratación, pero sí hace especialmente importante que la oferta sea coherente, clara y esté bien estructurada. Una memoria con contradicciones internas, compromisos poco precisos o apartados que no responden directamente a los criterios del pliego puede salir peor parada cuando se analiza de forma sistemática. Por eso, hoy más que nunca, la memoria debe estar pensada para ser entendida, contrastada y valorada sin esfuerzo.

En definitiva, una buena memoria técnica no es la que cuenta todo lo que la empresa sabe hacer. Es la que explica bien cómo va a ejecutar ese contrato, de acuerdo con lo que el pliego ha dicho que se va a valorar.

La clave no está en escribir más, sino en escribir con más precisión. Adaptar la memoria al contrato, ordenar la información según los criterios de adjudicación y concretar los compromisos puede marcar una diferencia real en la puntuación final.

En contratación pública, una memoria técnica genérica rara vez es competitiva. La oferta debe hablar menos de la empresa en abstracto y más de cómo esa empresa va a resolver, en la práctica, la necesidad concreta de la Administración.